Celulares en la sala de clases: ¿herramienta pedagógica o distracción peligrosa?

Carlos Valenzuela Vásquez

Carlos Valenzuela

Jefe Diseño y Marketing KDOCE. Diseñador, Licenciado en Artes y Ciencias de la Comunicación visual. Postítulo en Diseño editorial. Diplomado en fotografía contemporánea.

Cuando aprender se vuelve una experiencia real

La masificación del celular ha cambiado la vida cotidiana en todos los niveles sociales, pero su presencia dentro del aula plantea uno de los dilemas más complejos de enfrentar en la educación contemporánea.

Durante las últimas dos décadas, los dispositivos móviles han dejado de ser un lujo para transformarse en una extensión del cuerpo humano, especialmente en niños, niñas y adolescentes. En Chile, se estima que más del 80% de los estudiantes de enseñanza básica y media cuenta con acceso a un teléfono móvil con conexión a Internet. Aunque esta realidad presenta oportunidades pedagógicas ligadas al uso de la información, como el acceso a recursos digitales, plataformas educativas, herramientas de traducción o apoyo en situaciones de emergencia. También ha generado conflictos, distracciones, riesgos de ciberacoso y deterioro en la convivencia escolar.

Hoy, los colegios enfrentan una pregunta urgente: ¿Cómo equilibrar el uso del celular en el aula con la necesidad de proteger el aprendizaje, la salud mental y la vida escolar? Esta interrogante no solo requiere respuestas normativas, sino una reflexión profunda sobre el sentido pedagógico de la escuela en la era digital.

Una tendencia global hacia la regulación

En el ámbito internacional, la preocupación por el uso de celulares en colegios ha generado reacciones legislativas y políticas públicas que apuntan a limitar su presencia, especialmente en contextos donde se ha demostrado un impacto negativo en el rendimiento académico y el bienestar socioemocional de los estudiantes.

  • En Francia, desde 2018 rige una ley que prohíbe el uso de celulares en escuelas públicas para estudiantes hasta los 15 años, salvo situaciones pedagógicas justificadas. Esta medida fue respaldada como una forma de “proteger a los niños del uso excesivo de pantallas y fomentar la concentración en clases”.
  • En Países Bajos, desde enero de 2024 se aplica una prohibición nacional durante el horario de clases, incluyendo también tablets y smartwatches, como parte de una estrategia nacional por la salud mental juvenil.
  • En Australia, seis estados ya restringen su uso en todos los niveles escolares, buscando “recuperar la atención, la interacción social y el respeto en el entorno educativo”.
  • En China, desde 2021, se exige una autorización escrita para que un estudiante pueda llevar celular al establecimiento, y se prohíbe su uso en las aulas.
  • En España, comunidades como Galicia y Castilla-La Mancha han comenzado a implementar restricciones totales en las aulas, respaldadas por familias y docentes preocupados por la concentración y el respeto en clase.

La UNESCO, en su informe de 2023 “Technology in Education: A Tool on Whose Terms?”, advierte que el uso libre de dispositivos móviles en las escuelas puede afectar negativamente la calidad del aprendizaje y recomienda establecer marcos regulatorios explícitos. La organización señala que “la tecnología debe estar al servicio del aprendizaje, no imponer sus ritmos a los procesos pedagógicos”.

 

En Chile: normativas locales, tensiones cotidianas

En nuestro país no existe una regulación nacional uniforme respecto al uso de celulares en contextos escolares. Esto ha derivado en que cada establecimiento, a través de su reglamento interno y manual de convivencia establezca sus propias políticas. Como resultado, conviven en el panorama nacional escuelas con políticas restrictivas totales con otras que permiten el uso libre, incluso durante recreos o pausas activas.

Según el Centro de Estudios del MINEDUC al año 2022:

  • Un 78% de los docentes considera que el celular interfiere directamente en la concentración.
  • El 64% de los docentes lo vincula al aumento de situaciones de ciberacoso.
  • Más del 50% de los colegios en el país ha enfrentado incidentes por grabaciones sin consentimiento difundidas en redes sociales.

Casos ampliamente conocidos en la prensa nacional muestran cómo estudiantes han grabado y difundido sin consentimiento peleas, actos de violencia, discusiones con docentes o incluso situaciones íntimas, vulnerando derechos fundamentales. Medios de comunicación nacional han documentado y publicado la preocupación de directivos y apoderados frente a esta realidad, que en muchos casos supera las capacidades de respuesta de los equipos de convivencia escolar.

Efectos en la atención, el desarrollo y la salud mental

Se ha demostrado que el celular, incluso cuando no se usa activamente, puede interferir en el aprendizaje. Un metaanálisis de la Universidad de Rutgers en 2022 concluyó que los estudiantes que usan dispositivos móviles durante las clases obtienen, en promedio, calificaciones un 5% más bajas que sus pares que no lo hacen, debido a la fragmentación de la atención y la sobrecarga cognitiva. La Universidad de Stanford advierte que la exposición constante a estímulos digitales rápidos disminuye la capacidad del cerebro para mantener la atención prolongada y afecta la plasticidad neuronal en edades escolares.

La investigación “Brain Drain” de la Universidad de Texas en 2017 demostró que la sola presencia del celular disminuye la capacidad cognitiva disponible hasta en un 20%. Esto impacta directamente en la atención sostenida, la memoria de trabajo y la autorregulación. Esta disminución de recursos cognitivos compromete el aprendizaje profundo y limita la posibilidad de realizar tareas complejas, como la escritura argumentativa, el razonamiento lógico o la resolución de problemas.

Por su parte, el Journal of the American Medical Association – Pediatrics  en 2023 asoció el uso intensivo de redes sociales con niveles más altos de ansiedad, trastornos del sueño y dificultades de autorregulación emocional en adolescentes. El uso compulsivo de dispositivos móviles también ha sido relacionado con alteraciones en los ciclos de sueño, lo que afecta el rendimiento escolar y la estabilidad emocional de los estudiantes.

Desde el aula: una mirada pedagógica crítica

Desde el punto de vista pedagógico, la presencia del celular en el aula representa un factor distractor altamente significativo. Su impacto se considera negativo en los procesos de atención, memoria de trabajo y autorregulación, fundamentales para el aprendizaje escolar. Investigaciones del London School of Economics  en 2015 demostraron que la prohibición del uso de celulares en colegios británicos mejoró significativamente los resultados académicos, particularmente entre estudiantes con bajo rendimiento previo. El estudio concluyó que la sola eliminación del celular como distractor mejora el ambiente pedagógico, aumenta el tiempo de instrucción efectiva y reduce las interrupciones.

Asimismo, la Asociación Americana de Psicología ha advertido que la multitarea digital, como intentar atender a estímulos de redes sociales y actividades escolares en simultáneo, genera una disminución de la retención de contenidos, fragmenta el pensamiento complejo y afecta la metacognición, debilitando la autonomía del estudiante como sujeto activo del aprendizaje.

En este contexto, el rol del docente como mediador cobra especial relevancia. Enseñar a aprender en tiempos de distracción constante implica generar experiencias de aula con sentido, establecer normas claras de uso, promover la interacción consciente de los recursos tecnológicos y reforzar habilidades socioemocionales como la autorregulación, la empatía y el respeto mutuo.

Más que prohibir: educar, contextualizar y acompañar

La clave no está solo en restringir, sino en formar una ciudadanía digital, establecer protocolos claros y generar acuerdos pedagógicos contextualizados. Desde KDOCE recomendamos a las comunidades escolares:

  • Revisar sus reglamentos de convivencia en torno a la tecnología.
  • Incluir el tema del uso responsable de celulares en los planes de Formación Ciudadana.
  • Promover la conversación intergeneracional sobre entornos digitales.
  • Fortalecer el rol del adulto como guía y acompañante, no solo como corrector.

No se trata de negar la tecnología, sino de acompañar su uso con sentido, responsabilidad y criterio educativo. Los celulares pueden tener un lugar pedagógico si se insertan en estrategias didácticas coherentes, con tiempos definidos y objetivos claros. Pero sin acompañamiento ni normas compartidas, su uso indiscriminado puede terminar saboteando el corazón del proceso educativo: la relación pedagógica entre quien enseña y quien aprende.

¿Cómo podemos enseñar a nuestros estudiantes a vivir con tecnología sin depender de ella?

La respuesta está en la educación, el acompañamiento y el compromiso colectivo.

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